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Archive for 6 marzo 2017

Por: Pablo A Pitaluga Pitaluga

(Ecos de Mantua..Edicion. Abril 2016)

Innumerables  han sido las expediciones a lo largo de la historia en busca de tesoros ocultos en las islas del caribe; algunas alcanzaron su objetivo, otras frustradas, sucumbieron en su intento.

El Cabo de San Antonio, ubicado en lo más occidental del archipiélago cubano, región inhóspita que durante siglos fue tierra de nadie, ha sido sitio de referencia de estas expediciones, desde la primera mitad del siglo XIX.

Recientemente en el Archivo Nacional de Cuba, fue hallado un expediente del año 1845, donde se detalla los pormenores de una expedición, organizada y financiada con la anuencia de Carlos Martínez de Pinillo y Ceballos, II Conde de Villanueva, quien desde el año 1825, ocupaba el cargo de Intendente General de Hacienda de la isla de Cuba.

El expediente seguido por Don Juan de Dios de Armas, denuncia en carta enviada al Conde de Villanueva, la existencia de un tesoro en el Cabo de San Antonio; secreto que le fue revelado por un reo confinado en la cárcel de La Habana desde 1831, por actos de piratería, quien poco antes de morir,  le proporciono  el mapa, que con celo durante 14 años el marino había ocultado:

Excmo. Señor

Entre el Cabo de San Antonio y Corrientes, a la distancia  de 4 cables del primero, tierra adentro, hay un árbol nombrado Peralejo, en el cual se encuentra las señales siguientes puestas con pedazos de hierro  ( = *¬ ) , cara al Norte, 5 Sur, 8 pasos, se hallaran 7 cajas, una de oro y 6 de plata labrada, todas están seguidas en este orden-1, 2, 3, 4, 5, 6,7- , el computo debe hacerse desde la orilla del mar en dirección a la tierra del Cabo de San Antonio

El tesoro está enterrado en la sabana y en tierra adentro y dicho árbol nombrado Peralejo, está en tierra arenosa, es un árbol de hojas largas, con una fruta pequeña como las de uvas silvestres y como el sitio en que se enterró el dinero no es transitable, ni hay quien tenga las señales de su existencia, por haber muerto todos los compañeros que tenían el apunte con las cifras que ellos solo entendían, puede asegurarse la certidumbre del hallazgo; el reo recomendó mucho que no vacilara en dar los pasos para ello, pues ya que fallecía, deseaba que hallaran el tesoro.

Entre tanto juzga conveniente no perder más tiempo precioso y apresurar un hallazgo que debe reportar grandes y palpables utilidades a vuestra excelencia y el que suscribe como denunciante y autor del hallazgo a quien las leyes del Reino aplican la correspondiente parte. Por tanto a V.E  suplico  se sirva a ver por echa la denuncia en los rituales términos, mandando en consecuencia el producto a lo que hubiere lugar con la brevedad correspondiente, que expidan las ordenes adecuadas a verificar el reconocimiento con pronta excavación y demos medidas conducentes  a la exhumación de las siete cajas

Don Juan de Dios de Armas

Ante la noticia, el Conde de Villanueva, designa al Fiscal interino Don Melchor Tabares y a  Don Juan de Dios de Armas, los encargados de los preparativos para llevar a cabo la expedición, redactando una carta al Pedáneo del Partido de Mantua, en la que pide apoyo de aquella jurisdicción, en el suministro de lo necesario, para llevar a feliz término la misión.

El fiscal al conocer de la petición de Villanueva le recomienda que en vez de librarse orden al pedáneo del partido de Mantua, comisione a uno de los oficiales del resguardo para que en una de las goletas del servicio pase en misión del representante del denunciante, al punto en que se anuncia hallarse el tesoro para evacuar con las formalidades de estilo las diligencias necesarias para su hallazgo y que solo se pida a los jueces del territorio, los auxilios pertinentes de prácticos experimentados para guiar la expedición.

El 8 de agosto 1845, según consta en diario de navegación adjunto al expediente, el Pailebot del Resguardo 2, comandado por el teniente de navío D. Juan de Algalde, zarpo del puerto de La Habana, rumbo a la región del Cabo, con una tripulación compuesta de 8 marineros, 5 carabineros y dos pasajeros, haciendo referencia a don Melchor Tabares y don Juan de Dios de Armas.

El 13 de agosto, obligados por los fuertes vientos y chubascos, fondearon en Punta de Avalos,  junto a la Goleta Perseverancia, que se dirigía a La Habana con un cargamento de cuero.

El 17de agosto, a las 6 de la mañana  fondean en las cercanías del Cayuelo, al sur del Cabo de San Antonio, donde se alista una falúa con cuatro hombres, para recoger en la costa a varios individuos, a las 8 de la mañana comparece a bordo D. Francisco Pittaluga*, marino de ascendencia  genovesa, quien residía en una de las haciendas de la zona, acompañado del Hacendado  Don José Francisco de Echevarría, designados por el pedáneo del partido de Mantua, para auxiliar como prácticos la expedición. Después de ultimar detalles y examinar el mapa donde se halla oculto el tesoro, a la pregunta si conocía el árbol nombrado Peralejo, D. Francisco Pittaluga, enfatizo que no se conocía semejante árbol con ese nombre en la jurisdicción, que  solo conocía como parecido al tamaño, hojas largas y dar pequeños frutos al nombrado Manzanillo, habiendo dos de esta clase a corta distancia en la playa en las sabanas distantes, cinco leguas del Cabo, haciéndose estas pocos distantes una de otra, enclavadas en una zona arenosa, cuyas coordenadas pudieran coincidir con los apuntes descritos en el mapa.

El 19 de agosto, se alista  una falúa y se desembarca en un punto conocido como La Caleta del Piojo, a una legua de Cabo holandés, donde  se acampa y se  miden las coordenadas, comenzando  los trabajos. El citado árbol existe distante de la playa a trecientas brasas, en una sábana de tierra arenosa, profundizando la excavación a treinta pulgadas, practicando el reconocimiento con las baquetas de las carabinas; tras varios días de infructuosa búsqueda, bajo vientos huracanados que dañaron la falúa y perdiendo parte de los víveres, fusiles y ropas, se decidió abortar la misión y embarcar rumbo al Pailebot  que se hallaba fondeado en las cercanía del Cayuelo.

El 3 de septiembre,  frustrados, agotados, y enferma parte de su  tripulación, el Pailebot del Resguardo 2, arribo al surgidero de Batabano, poniendo fin  a una expedición, que como tantas, no alcanzo su objetivo

Un siglo después , en el  año 1983, la empresa Carisub, encargada de todo lo concerniente a la arqueología submarina en Cuba, organizo una campaña  arqueológica de exploración en la Península de Guanahacabibes, con el barco insignia llamado Caribean King y el auxiliar ferrocemento MV Trinidad y zarpan del puerto de La  Habana, haciendo escala  en el puerto de  Los Arroyos, en busca de un experimentado practico que los guiara por el complejo arrecife de los colorados; tras reunirse con las autoridades del territorio, visitaron a un viejo marino de reconocido prestigio que por su ascendencia navego durante años  en barcos de bandera italiana,  poseedor de un vasto conocimiento de la región; al conocer los detalles de la expedición, el hombre acepto gustoso a formar parte de ella; como paradoja de esta historia, el nombre del  marino del que se hace referencia, era Miguel Pittaluga, bisnieto de aquel marino de padres genoveses que en el 1845, formo parte de la llamada Expedición al Cabo.

En esta ocasión fue diferente,  la expedición logro su objetivo,  con su auxilio fueron hallados  restos de Galeones de la época, que aun  conservaban sus piezas de artillería, así como innumerables utensilios  de gran valor histórico

La familia Pitaluga, ha mantenido viva la tradición heredada de sus ancestros; catalogados como experimentados marinos por el historiador Pedro Cosme Baños; decenas de sus hijos, se  desempeñaron durante décadas como  oficiales y contramaestres en barcos mercantes cubanos, estando presentes en sucesos que hoy forman parte de la historia de la nación cubana.

Fuentes:

-Archivo Nacional de Cuba:( Expediente y Documentos del Fondo Realengo. Legajo 93.No.18 Escribanía Mayor de la Real Hacienda del año 1845)

-Opus Habana. Edición.  Junio 2010.Historias del Mar.

-Italianos en Regla. (Autor: Lic. Pedro Cosme Baños)

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