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Por: Pablo Andrés Pitaluga Pitaluga

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“Perpetuar la historia ha sido el legado de nuestros ancestros, que no enseñaron, que la identidad de un pueblo, está en sus raíces”

Este epígrafe forma parte de la obra biográfica “Náufragos italianos devenidos artífices de una historia” que escribí en el año 2008 recogida en el libro “Las 1001 historias de los italianos en el mundo” publicado en Roma, Italia en el año 2010.

Durante años he sido defensor y promotor de la obra del escritor e historiador mantuano, Enrique Pertierra Serra; gran parte de mis artículos publicados en la prensa digital cubana, así como Coloquios y Seminarios nacionales e internacionales en que he participado como ponente e invitado, son muestras de ello; pero hoy, obligado por las discrepancias originadas entre historiadores e investigadores cubanos e italianos sobre la fundación de la Villa de Mantua por náufragos italianos, expongo mi puntos de vista en relación al tema que nos atañe, sin el afán de cambiar el curso de la historia, respetando los criterios expuestos por gran parte de estos investigadores que catalogan de Hipótesis los estudios de Pertierra.

Para profundizar sobre el tema, debemos tener presente 5 factores esenciales, que ponen de manifiesto la credibilidad de la historia.

A inicio del siglo XV, Italia se hallaba dividida, compuesta de estados regionales, donde los conflictos y guerras por el control de la región la hacían vulnerable, solo Génova y Venecia conservaron su poderío entre todos los estados italianos, la rivalidad entre ambos los llevo durante décadas a una lucha sin cuartel por la supremacía comercial en los mares, no fue hasta 1528 que Génova se convierte en uno de los puertos más prósperos dedicados a la construcción naval y como centro financiero muy vinculado a la política de los Habsburgo españoles.

La familia Pitaluga-Piccaluga (Pittaluga en italiano) apellido que aparece registrado en los libros de la parroquia de Murta en Génova a partir del año 1530, se distinguía por su tradición marinera y el vasto conocimiento de las artes con gran arraigo religioso, capellanes, comerciantes y marinos conformaban las bases de esta familia asociada a la casa De Amicis; lo cual pone de manifiesto que el punto de partida de esta tripulación fue el puerto de Génova.

En la segunda mitad del siglo XVII aparece registrado el primer acto de piratería de un miembro de esta familia en las costas occidentales de Cuba, región donde se afirma ocurrió el naufragio del bergantín cincuenta años antes; lo cual queda demostrado que los navegantes italianos en el momento del naufragio no ejercían la piratería.
Contratar una tripulación que reuniera los requisitos necesarios para una expedición no era difícil, solo se necesitaba el oro para sufragar los gastos y el reconocimiento de un monarca para llevarla a cabo. El tránsito de bajeles en el puerto, hacía imposible detectar la partida de una embarcación con estas características.

Si tomamos como referencia el derrotero de naves francesas e inglesas del siglo XVII en las aguas del Caribe y el lugar en el que ocurre el naufragio se llega a la conclusión que la isla de Cuba no era el punto de referencia de esta expedición, el destino era las tierras aztecas, territorio que hoy lleva por nombre: México.

La presencia de asentamientos procedentes de las islas canarias al noroeste de la provincia de Pinar del Río a partir siglo XVII, ha sido tema en el cual investigadores de otras latitudes se apoyan para afirmar que la llegada de la Virgen de las Nieves al territorio, está relacionada a esta inmigración.
¿Dudaría usted de la iglesia cuando a través de los siglos ha recogido la historia y las tradiciones de cada localidad en las que ha ejercido el clero, patrimonio que guarda celosamente en los libros parroquiales?
La iglesia al afirmar que Nuestra señora de las Nieves fue traída por navegantes italianos a Cuba, desecha la hipótesis de aquellos que intentan cuestionarla.
La parroquia, erigida en 1716 bajo la advocación de la virgen de las Nieves, la convierten en la única comarca a lo largo de la isla cuya patrona responde a dicha advocación, solo venerada desde tiempos remotos en la basílica Santa María la mayor, la primera y más antigua de Roma.

¿Por qué tildar de fábula la fundación de la Villa o es que existen intereses mezquinos para desacreditar su historia?
Los que intentan cuestionar la veracidad de los hechos no han transitado por tierras mantuanas, no han sentido el fervor que emana de su pueblo y la historia que celosamente guarda su museo.
La realidad es incuestionable, la presencia de decenas de apellidos registrados en los libros parroquiales, convierten a Mantua en el primer gran asentamiento de emigrantes italianos en la Mayor de la Antillas.

Somos un pueblo que durante siglos fue relegado de la historia, defender nuestro legado ha sido premisa de generaciones de mantuanos que aun lejos de su tierra enardecen sus raíces.

http://www.ecosdemantua.cu/index.php/2017/08/02/confidencias-de-un-legado/

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Por: Pablo A Pitaluga Pitaluga

(Ecos de Mantua..Edicion. Abril 2016)

Innumerables  han sido las expediciones a lo largo de la historia en busca de tesoros ocultos en las islas del caribe; algunas alcanzaron su objetivo, otras frustradas, sucumbieron en su intento.

El Cabo de San Antonio, ubicado en lo más occidental del archipiélago cubano, región inhóspita que durante siglos fue tierra de nadie, ha sido sitio de referencia de estas expediciones, desde la primera mitad del siglo XIX.

Recientemente en el Archivo Nacional de Cuba, fue hallado un expediente del año 1845, donde se detalla los pormenores de una expedición, organizada y financiada con la anuencia de Carlos Martínez de Pinillo y Ceballos, II Conde de Villanueva, quien desde el año 1825, ocupaba el cargo de Intendente General de Hacienda de la isla de Cuba.

El expediente seguido por Don Juan de Dios de Armas, denuncia en carta enviada al Conde de Villanueva, la existencia de un tesoro en el Cabo de San Antonio; secreto que le fue revelado por un reo confinado en la cárcel de La Habana desde 1831, por actos de piratería, quien poco antes de morir,  le proporciono  el mapa, que con celo durante 14 años el marino había ocultado:

Excmo. Señor

Entre el Cabo de San Antonio y Corrientes, a la distancia  de 4 cables del primero, tierra adentro, hay un árbol nombrado Peralejo, en el cual se encuentra las señales siguientes puestas con pedazos de hierro  ( = *¬ ) , cara al Norte, 5 Sur, 8 pasos, se hallaran 7 cajas, una de oro y 6 de plata labrada, todas están seguidas en este orden-1, 2, 3, 4, 5, 6,7- , el computo debe hacerse desde la orilla del mar en dirección a la tierra del Cabo de San Antonio

El tesoro está enterrado en la sabana y en tierra adentro y dicho árbol nombrado Peralejo, está en tierra arenosa, es un árbol de hojas largas, con una fruta pequeña como las de uvas silvestres y como el sitio en que se enterró el dinero no es transitable, ni hay quien tenga las señales de su existencia, por haber muerto todos los compañeros que tenían el apunte con las cifras que ellos solo entendían, puede asegurarse la certidumbre del hallazgo; el reo recomendó mucho que no vacilara en dar los pasos para ello, pues ya que fallecía, deseaba que hallaran el tesoro.

Entre tanto juzga conveniente no perder más tiempo precioso y apresurar un hallazgo que debe reportar grandes y palpables utilidades a vuestra excelencia y el que suscribe como denunciante y autor del hallazgo a quien las leyes del Reino aplican la correspondiente parte. Por tanto a V.E  suplico  se sirva a ver por echa la denuncia en los rituales términos, mandando en consecuencia el producto a lo que hubiere lugar con la brevedad correspondiente, que expidan las ordenes adecuadas a verificar el reconocimiento con pronta excavación y demos medidas conducentes  a la exhumación de las siete cajas

Don Juan de Dios de Armas

Ante la noticia, el Conde de Villanueva, designa al Fiscal interino Don Melchor Tabares y a  Don Juan de Dios de Armas, los encargados de los preparativos para llevar a cabo la expedición, redactando una carta al Pedáneo del Partido de Mantua, en la que pide apoyo de aquella jurisdicción, en el suministro de lo necesario, para llevar a feliz término la misión.

El fiscal al conocer de la petición de Villanueva le recomienda que en vez de librarse orden al pedáneo del partido de Mantua, comisione a uno de los oficiales del resguardo para que en una de las goletas del servicio pase en misión del representante del denunciante, al punto en que se anuncia hallarse el tesoro para evacuar con las formalidades de estilo las diligencias necesarias para su hallazgo y que solo se pida a los jueces del territorio, los auxilios pertinentes de prácticos experimentados para guiar la expedición.

El 8 de agosto 1845, según consta en diario de navegación adjunto al expediente, el Pailebot del Resguardo 2, comandado por el teniente de navío D. Juan de Algalde, zarpo del puerto de La Habana, rumbo a la región del Cabo, con una tripulación compuesta de 8 marineros, 5 carabineros y dos pasajeros, haciendo referencia a don Melchor Tabares y don Juan de Dios de Armas.

El 13 de agosto, obligados por los fuertes vientos y chubascos, fondearon en Punta de Avalos,  junto a la Goleta Perseverancia, que se dirigía a La Habana con un cargamento de cuero.

El 17de agosto, a las 6 de la mañana  fondean en las cercanías del Cayuelo, al sur del Cabo de San Antonio, donde se alista una falúa con cuatro hombres, para recoger en la costa a varios individuos, a las 8 de la mañana comparece a bordo D. Francisco Pittaluga*, marino de ascendencia  genovesa, quien residía en una de las haciendas de la zona, acompañado del Hacendado  Don José Francisco de Echevarría, designados por el pedáneo del partido de Mantua, para auxiliar como prácticos la expedición. Después de ultimar detalles y examinar el mapa donde se halla oculto el tesoro, a la pregunta si conocía el árbol nombrado Peralejo, D. Francisco Pittaluga, enfatizo que no se conocía semejante árbol con ese nombre en la jurisdicción, que  solo conocía como parecido al tamaño, hojas largas y dar pequeños frutos al nombrado Manzanillo, habiendo dos de esta clase a corta distancia en la playa en las sabanas distantes, cinco leguas del Cabo, haciéndose estas pocos distantes una de otra, enclavadas en una zona arenosa, cuyas coordenadas pudieran coincidir con los apuntes descritos en el mapa.

El 19 de agosto, se alista  una falúa y se desembarca en un punto conocido como La Caleta del Piojo, a una legua de Cabo holandés, donde  se acampa y se  miden las coordenadas, comenzando  los trabajos. El citado árbol existe distante de la playa a trecientas brasas, en una sábana de tierra arenosa, profundizando la excavación a treinta pulgadas, practicando el reconocimiento con las baquetas de las carabinas; tras varios días de infructuosa búsqueda, bajo vientos huracanados que dañaron la falúa y perdiendo parte de los víveres, fusiles y ropas, se decidió abortar la misión y embarcar rumbo al Pailebot  que se hallaba fondeado en las cercanía del Cayuelo.

El 3 de septiembre,  frustrados, agotados, y enferma parte de su  tripulación, el Pailebot del Resguardo 2, arribo al surgidero de Batabano, poniendo fin  a una expedición, que como tantas, no alcanzo su objetivo

Un siglo después , en el  año 1983, la empresa Carisub, encargada de todo lo concerniente a la arqueología submarina en Cuba, organizo una campaña  arqueológica de exploración en la Península de Guanahacabibes, con el barco insignia llamado Caribean King y el auxiliar ferrocemento MV Trinidad y zarpan del puerto de La  Habana, haciendo escala  en el puerto de  Los Arroyos, en busca de un experimentado practico que los guiara por el complejo arrecife de los colorados; tras reunirse con las autoridades del territorio, visitaron a un viejo marino de reconocido prestigio que por su ascendencia navego durante años  en barcos de bandera italiana,  poseedor de un vasto conocimiento de la región; al conocer los detalles de la expedición, el hombre acepto gustoso a formar parte de ella; como paradoja de esta historia, el nombre del  marino del que se hace referencia, era Miguel Pittaluga, bisnieto de aquel marino de padres genoveses que en el 1845, formo parte de la llamada Expedición al Cabo.

En esta ocasión fue diferente,  la expedición logro su objetivo,  con su auxilio fueron hallados  restos de Galeones de la época, que aun  conservaban sus piezas de artillería, así como innumerables utensilios  de gran valor histórico

La familia Pitaluga, ha mantenido viva la tradición heredada de sus ancestros; catalogados como experimentados marinos por el historiador Pedro Cosme Baños; decenas de sus hijos, se  desempeñaron durante décadas como  oficiales y contramaestres en barcos mercantes cubanos, estando presentes en sucesos que hoy forman parte de la historia de la nación cubana.

Fuentes:

-Archivo Nacional de Cuba:( Expediente y Documentos del Fondo Realengo. Legajo 93.No.18 Escribanía Mayor de la Real Hacienda del año 1845)

-Opus Habana. Edición.  Junio 2010.Historias del Mar.

-Italianos en Regla. (Autor: Lic. Pedro Cosme Baños)

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Mantua en Cuba

Lázaro Boza Boza

A la luz de la leyenda que rodea a Mantua como villa fundada por navegantes italianos, nuevas investigaciones prometen ahondar en el tema.

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Historia de Mantua
Por Emeterio Santovenia

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Acompañado de su esposa y del historiador Pablo Andrés Pittaluga, vicepresidente del Comité Gestor de la Asociación de Amistad Cuba Italia, el embajador de Italia en nuestro país fue recibido por autoridades locales de la Asamblea Municipal del Poder Popular con quienes departió acerca de la historia local y depositó una ofrenda floral ante el busto del Titán de Bronce que preside la villa.

En el museo polivalente, el alto representante del país europeo, escuchó una explicación relacionada con la versión fundacional de la villa por navegantes italianos, establecidos en esta parte del occidente cubano, entre los años, 1610 y 1615 del siglo XVII.

El excelentísimo señor, Carmine Robustelli visitó la parroquia local, donde escuchó pormenores de la adoración a la Virgen de las Nieves, patrona de Mantua, otro punto de contacto que une a la villa cubana con la de igual nombre en la península itálica.

En horas de la tarde el máximo enviado diplomático de Italia en Cuba visitó el poblado costero de Los Arroyos de Mantua donde intercambió impresiones con descendientes italianos supuestamente relacionados con los fundadores del poblado casi cinco siglos atrás.

La Historia recoge que Mantua fue fundada por navegantes italianos entre los años 1610 y 1615 del siglo XVII, cuestión defendida y detractada en la actualidad, pero mantenida como cierta por la exégesis popular.

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Un grupo multidisciplinario de especialistas e investigadores del territorio realiza un minucioso trabajo histórico-geográfico en aras de convertir el mito en historia probada

Mayra García Cardentey
digital@juventudrebelde.cu
16 de Enero del 2014 23:08:44 CDT

Pinar del Río—. Un grupo multidisciplinario de especialistas e investigadores del territorio realiza un minucioso trabajo histórico-geográfico sobre la posible presencia en esta provincia de italianos, en aras de convertir el mito en historia probada.

Pedro Luis Hernández, coordinador principal del proyecto, aclara que el proceso de asentamiento y desarrollo de estos emigrantes europeos en Vueltabajo no ha sido confirmado, más allá de intentos exploratorios realizados por el estudioso Enrique Pertierra, así como los aportes del historiador Gerardo Ortega.

En la investigación, que podría durar hasta dos años, se examina de forma integradora el proceso de establecimiento, adaptación y transculturación de estos viajeros en la región, que delatan una posible ascendencia itálica en la compleja formación de la identidad vueltabajera.

Algunos de los tópicos de la sugerente indagación son el análisis de la descendencia, estudios de flujo y ocupación territorial, recuento sobre la piratería y el contrabando, bosquejo sobre vínculos de Garibaldi con la familia Villaverde, y cotejo de monumentos y arquitectura idiosincrática en la región.

Igualmente, estudios de antiguos legajos, así como la exploración del litoral norte del municipio de Mantua, serán otras de las acciones en busca de pruebas que demuestren el supuesto naufragio de una embarcación italiana hace varias centurias, a cuyos sobrevivientes se les atribuye la fundación de esa localidad.

Pedro Luis Hernández, quien de conjunto con José Antonio Martínez, Jorge Freddy Ramírez, Daniel Suárez, Pablo Andrés Pitaluga y Gerardo Ortega, integra el grupo multidisciplinario, adelantó que, una vez concluidas las búsquedas, se editará el libro Italianos en Vueltabajo, así como un documental con similar perspectiva.

La devoción exclusiva por la Virgen de las Nieves, venerada originalmente en la Basílica Santa María la Mayor, la primera y más antigua de Roma; la nominación de Mantua como nombre escogido para un poblado occidental, en honor a Mantova, provincia de Lombardía; o la presencia de apellidos como Ferrari, Zaballo, Pesana, Fiallo, Pitaluga, Rizzo, Cosme, sustentan la leyenda… o la historia.

http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2014-01-16/italianos-en-el-occidente-cubano/

 

 

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por : Pablo Andrés Pitaluga

Con la llegada del siglo XXI, un equipo integrado por museólogos, historiadores e investigadores entre los cuales se encuentra el licenciado, Pedro Cosmes Baños, Armando L. Peláez, Lázaro Boza, José Manuel Barrios, Mabel Pérez Gómez y quien escribe, se dieron a la tarea de hallar una explicación sobre la desaparición paulatina de apellidos italianos en la Villa de Mantua. De más de 20 apellidos registrados en los libros parroquiales a partir del siglo XVII, de los cuales hace referencia en su libro el investigador y escritor Enrique Pertierra Serra, solo tres conservan su descendencia., la familia Pitaluga, la familia Fiallo y la familia Cosme (Cosma en italiano), la primera en el poblado costero de Los Arroyos, la segunda en el poblado de Lázaro y la tercera en la ciudad cabecera

Sobre este hecho en particular surge una interrogante: ¿si Mantua fue fundada por italianos, por que solo tres apellidos llegan a nuestros días? Tras largos años de minuciosa investigación histórica encontramos que las causas están centradas en la segunda mitad del siglo XIX. Con el inicio de la guerra por la independencia de Cuba y el recrudecimiento de las acciones por parte del ejercito libertador al mando del Lugar Teniente General Antonio Maceo y Grajales en tierras de Vueltabajo, el gobierno español con el objetivo de frenar el espíritu independentista que se expandía por la mayor de las Antillas, nombro en el año 1896 como Capitán General de la isla al político y militar Valeriano Weyler y Nicolau, quien ordenó el encierro forzoso de la población rural en campos de reconcentración a merced del hambre y las enfermedades, con miras de cegar el apoyo y suministro de alimentos a las fuerzas insurrectas, abriendo un periodo conocido como el más nefasto de la historia en tiempos de la colonia, donde mas de 400,000 personas en su mayoría mujeres, niños y ancianos encontraron la muerte en la campiña cubana. Solo Mantua alcanzó la cifra de mas de 1000 habitantes desaparecidos y entre ellos encontramos los nombres de decenas de estos descendientes los cuales aparecen registrados en los libros de defunción de la localidad de Baja, en su mayoría mujeres y niños que apenas alcanzaban los 7años de edad.

Obligados por la represión a que eran sometidos, la emigración a otras regiones fue la decisión tomada por algunas de estas familias, mientras otras se abrasaron a la causa independentista entregando a sus mejores hijos. En el año 1896, en tierras Mantuanas Antonio Maceo expreso:
“…De la provincia no tenemos por nuestra parte nada de que quejarnos. Desde que llegamos la fuerza del ejercito cubano ha aumentado un 25 por ciento, en otros términos, han unido a nuestras banderas 10.000 reclutas, la mitad de estos, de caballería, están con Máximo Gómez y Emilio Núñez”…
En el libro: “Índice Alfabético del ejercito Libertador de Cuba Mayor General Carlos Roloff”, encontramos los nombres de varios de ellos que se alistaron en sus tropas, tal es el caso de los Cosme, Pereira y de Federico Pitaluga quien alcanzo los grados de Teniente Coronel del ejercito libertador en el departamento Oriental, 2do Cuerpo Cuarta División, Cuartel General, así como Julio Pitaluga, Sgto. De 2da, Regimiento de infantería Sagua.

Con el fin de la guerra, gran parte de los sobrevivientes retornaron a su lugar de origen, otros ya sin descendencia desaparecieron en el tiempo. Son diversas las cifras sobre el numero de fallecidos en la reconcentración decretada por Weyler, se estima que desapareció mas de la tercera parte de la población rural de Cuba.

Como Paradoja de la historia, hoy aun conserva el nombre de Weyler una de las plazas de Santa Cruz de Tenerife, olvidando un pasado en el que mujeres, niños y ancianos murieron en suelo cubano víctimas de su mandato.

A mas de un siglo, apellidos como: Fiorenzano, Pereira y una parte de la familia Pitaluga, los encontramos en municipios del litoral de la Habana, como es el caso del ultramarino pueblo de Regla quien acogió en su seno a decenas de familias Mantuanas, quienes contribuyeron a su desarrollo marítimo y en donde hoy reposan los restos del joven combatiente internacionalista Heriberto Aribu Pitaluga quien cayó combatiendo en suelo africano en defensa de la independencia del pueblo Angolano.

La tradición marinera y la vocación por las artes y letras ha sido un distintivo que identifica a estas familias de descendencia italiana. Marinos, pintores, profesores, historiadores, escritores, músicos están presentes en cada una de ellas.

Hay que tener en cuenta que desde el siglo XVIII, Mantua se destaco por su dedicación en los centros de enseñanza publica basada en una educación rigurosa, Emeterio Santovenia en su libro “Pinar del Río” nos relata una panorámica detallada basada en documentos y archivos de la época en la que muestra los aportes significativos en la educación con la creación de establecimientos dirigidos a la enseñanza solo comparable con Pinar del Río y Sumidero, fruto del trabajo realizado por los antiguos partidos de sotavento, en los que también se destacaba el desarrollo sostenido en la comercialización y cultivo del tabaco.
El estrecho vinculo entre estas familias lo encontramos en bodas y bautizos registrados en los libros parroquiales, tradición de una estirpe que trasciende en el tiempo, enarbolando como insignia, la lealtad a sus raíces.

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