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Un grupo multidisciplinario de especialistas e investigadores del territorio realiza un minucioso trabajo histórico-geográfico en aras de convertir el mito en historia probada

Mayra García Cardentey
digital@juventudrebelde.cu
16 de Enero del 2014 23:08:44 CDT

Pinar del Río—. Un grupo multidisciplinario de especialistas e investigadores del territorio realiza un minucioso trabajo histórico-geográfico sobre la posible presencia en esta provincia de italianos, en aras de convertir el mito en historia probada.

Pedro Luis Hernández, coordinador principal del proyecto, aclara que el proceso de asentamiento y desarrollo de estos emigrantes europeos en Vueltabajo no ha sido confirmado, más allá de intentos exploratorios realizados por el estudioso Enrique Pertierra, así como los aportes del historiador Gerardo Ortega.

En la investigación, que podría durar hasta dos años, se examina de forma integradora el proceso de establecimiento, adaptación y transculturación de estos viajeros en la región, que delatan una posible ascendencia itálica en la compleja formación de la identidad vueltabajera.

Algunos de los tópicos de la sugerente indagación son el análisis de la descendencia, estudios de flujo y ocupación territorial, recuento sobre la piratería y el contrabando, bosquejo sobre vínculos de Garibaldi con la familia Villaverde, y cotejo de monumentos y arquitectura idiosincrática en la región.

Igualmente, estudios de antiguos legajos, así como la exploración del litoral norte del municipio de Mantua, serán otras de las acciones en busca de pruebas que demuestren el supuesto naufragio de una embarcación italiana hace varias centurias, a cuyos sobrevivientes se les atribuye la fundación de esa localidad.

Pedro Luis Hernández, quien de conjunto con José Antonio Martínez, Jorge Freddy Ramírez, Daniel Suárez, Pablo Andrés Pitaluga y Gerardo Ortega, integra el grupo multidisciplinario, adelantó que, una vez concluidas las búsquedas, se editará el libro Italianos en Vueltabajo, así como un documental con similar perspectiva.

La devoción exclusiva por la Virgen de las Nieves, venerada originalmente en la Basílica Santa María la Mayor, la primera y más antigua de Roma; la nominación de Mantua como nombre escogido para un poblado occidental, en honor a Mantova, provincia de Lombardía; o la presencia de apellidos como Ferrari, Zaballo, Pesana, Fiallo, Pitaluga, Rizzo, Cosme, sustentan la leyenda… o la historia.

http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2014-01-16/italianos-en-el-occidente-cubano/

 

 

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Por: Andrés Pitaluga
Mantua. Monumento Nacional

El mar desde tiempos muy remotos suministró al hombre el alimento necesario para la conservación de su especie.

Tras el descubrimiento de América, la colonización trajo consigo costumbres y modos de elaborar los alimentos desconocidos por los pobladores originarios de nuestras islas, que poco a poco fueron asimilando la cultura culinaria del viejo continente.

El licenciado  Rodolfo Álvarez Gavilán  ha realizado un interesante trabajo Investigativo titulado: La tradición de Comidas marineras en el pueblo de los Arroyos, la cual pone de manifiesto la influencia de la cocina italiana en la elaboración de pescados y mariscos.

Platos como: Filete de Pescado a la Villeroy,  Filete de Merluza al Ajillo y el Arroz con Pescado y Queso, han ganado un lugar  en la mesa de la familia Mantuana.

Secreto que ha pasado de generación a generación convirtiéndose en los comidas  típicas mantuanas  de suma exquisitez que se brinda al visitante.

Hay que señalar que durante décadas  las principales familias en los Arroyos dedicadas a la pesca fueron los Escandel, los Pitaluga y los Correa, que poseían barcos a velas y  se dedicaban fundamentalmente a la pesca de escama y quelonios.

Cada año en el mes de octubre, se realizan exposiciones de platos elaborados con productos del mar y se premian los mejores y más creativos manteniendo viva la tradición culinaria, legado de nuestros ancestros a esta hermosa Villa, tierra de historia, donde se forja el honor y la firmeza.

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Por: Pablo Andrés Pittaluga
Mantua. Monumento Nacional

A partir del siglo XVII, Génova se convirtió en la cuna del comercio y la navegación, conocida como la capital de los grandes navegantes, desde donde partían las más disímiles y riesgosas expediciones.

La familia Pittaluga-Piccaluga cuyo apellido aparece registrado en los libros de la parroquia de Murta, mucho antes del año 1570, se distinguía por su tradición marinera y el basto conocimiento de las artes con gran arraigo religioso, capellanes, comerciantes y marineros conformaban las bases de esta familia Genovesa asociada a la casa De Mesci.

Enrique Pertierra Serra, escribe en su libro como entre los años 1605 y 1610 partió del puerto de Génova en el más estricto secreto una expedición cuyo objetivo era explorar las tierras del nuevo mundo en busca de civilizaciones desconocidas.

Investigadores opuestos a la llamada: “Hipótesis de Pertierra”, alegan que en los archivos y documentos de la época, no aparece recogida la entrada o salida del puerto de un bergantín bajo el nombre: Mantova, restando veracidad a lo expuesto por el autor.
Pero hay tres factores que no tomaron en cuenta:

-Contratar una tripulación que reuniera los requisitos necesarios para una expedición no era difícil, solo se necesitaba el oro para sufragar los gastos y el reconocimiento de un monarca para llevarla a cabo.
-El transito de bajeles en el puerto, hacia imposible detectar la partida de una embarcación con estas características.

-Los Pittaluga-Piccaluga, eran conocidos como marineros de gran experiencia dedicados al comercio, no fue hasta la segunda mitad del siglo XVII en el que aparece  registrado el primer acto de piratería de un miembro de esta familia en las costas occidentales de Cuba, en la región donde se afirma ocurrió el naufragio del bergantín  cincuenta años antes; lo  cual queda demostrado que los navegantes italianos en el momento del naufragio no ejercían la piratería.

-Tomando como referencia el derrotero de naves francesas e inglesas del siglo XVII en las aguas del caribe hacia las costas de Norteamérica y el lugar en el que ocurre el naufragio se llega a la conclusión que la isla de Cuba no era el punto de referencia de esta expedición, el destino era las tierras aztecas, territorio que hoy lleva por nombre: México.

La presencia de asentamientos procedentes de las islas canarias al noroeste de la provincia de Pinar del Río a partir siglo XVII, ha sido tema en el cual investigadores de otras latitudes se apoyan para afirmar que la llegada  de la Virgen de las Nieves a la isla esta relacionada a esta inmigración.

¿Dudaría usted de la iglesia  cuando a través de los siglos ha recogido la historia y las  tradiciones de cada localidad en las que ha ejercido el clero, patrimonio que guarda celosamente en los libros parroquiales?

La iglesia al afirmar que Nuestra señora de las Nieves fue traída por navegantes italianos a Cuba, desecha la hipótesis de aquellos que intentan cuestionarla.

Gran parte de estos marinos italianos formaron familias con españoles de Origen Canario, otros enviaron por sus familias incrementando su presencia en el lugar, como navegantes y comerciantes recorrieron la isla, descendientes de estos marinos se hallan en lugares como:

Puerto Padre.
Puerto Esperanza
Jíbara
Santiago de Cuba.
Guanajay
Bahía honda.
Regla
Mayari
Holguín.

 

Esto explica  como el nombre de Mantua llega a nuestros días, la colonización no pudo cambiar la denominación lombarda de la Villa, la influencia de estos navegantes prevaleció a través del tiempo, no solo en Cuba, descendientes de estos marinos los encontramos en países  como: Argentina, México, Perú y Uruguay.

Leamos un fragmento de los sucesos ocurridos en México en el año 1829.

 

Vicente Guerrero, militar y político mexicano se destaco por sus ideas independentistas, conocido por su celebre frase: “La patria es primero”, formo parte de la junta provisional de gobierno, derrocado en las elecciones por: Manuel Gómez Pedraza, en abril del mismo año ocupo la presidencia gracias al levantamiento de los liberales conocido como:”El motín de la Acordada”.

 

Guerrero se enfrento al intento de reconquista española protagonizado por Isidro Barradas; rechazo el ofrecimiento de compra de Texas efectuado por el embajador estadounidense Joel Roberts Poinsett y defendió con fervor el federalismo ante los intentos de grupos centralistas que pretendían inhabilitarle para gobernar, favorable a la reforma social, lucho contra los derechos de la aristocracia, pero fue derrocado por el general Anastasio Bustamante , quien por medio de su ministro de Guerra, José Antonio Facio, acordó la captura de Guerrero con el marino genoves Francisco Picaluga, invitado por este a comer en el navío El Colombo, fue echo prisionero y entregado en Huatalco al capitán Miguel González. Fue condenado a pena de muerte y fusilado tras un consejo de guerra.

La presencia de estos marinos genoveses en sucesos de gran trascendencia histórica en la vida política de México en el siglo XIX, refleja los nexos que durante décadas mantuvieron en la región. Numerosas historias forman parte de este trabajo investigativo el cual abarca mas de cuarenta cuartillas

“NAUFRAGOS DE LA HISTORIA”, no pretende cambiar el curso de la misma, solo es un acercamiento a la verdad, en momentos que se cuestiona la veracidad de los hechos expuestos por el escritor Mantuano  Enrique Pertierra en su libro, sobre la fundación de la Villa.                                                                                

 

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ESCUDO DE MANTUA

Mantua cuenta con escudo propio desde el año 1946, el cual simboliza la unidad de todos los mantuanos. Su creador fue el maestro Esteban Valderrama y Piña quien lo describió de la forma siguiente:

El escudo o blasón propiamente dicho es de forma igual al de la provincia de Pinar del Río al que pertenecía el ayuntamiento de Mantua, no lleva atributos a los lados, que solo deben ostentarlos las capitales de provincia.

Cortado en su tercio superior, aparece hundiéndose un Bergantín Italiano del cual se salvan unos náufragos en conformidad con la leyenda histórica aceptada.

En sus dos tercios inferiores, figura en primer término, al centro el monumento al soldado invasor que señala el final triunfante de la invasión libertadora, radica en su base unas matas de tabaco el principal renglón económico del municipio, al fondo en el lado diestro un pinar, al lado siniestro unas palmas canas, árboles típicos de la región. En el horizonte los picos de la cordillera pinareña. Debajo un lazo extendido horizontalmente con tres palabras: Trabajo , Unidad , Progreso.

http://www.pinarte.cult.cu/mantua/htm/escudo.htm

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Naúfragos de la historia

 

Parroquia de Nuestra Señora de las Nieves de Mantua

Parroquia de Nuestra Señora de las Nieves de Mantua

Por: Pablo Andrés Pitaluga
06 de Agosto, 2008 (Cubarte)

“Los pueblos a través del tiempo han forjado su propia historia y en ocasiones muchas de ellas no encontraron la luz”

En la región más occidental de Cuba al noroeste de la provincia de Pinar del Rió se haya el costero poblado: Los arroyos, hombres de mar, piel curtida por el sol y el salitre cuyos apellidos al pronunciarse nos resultan ajenos, dan fe de la descendencia italiana que prevalece en el lugar.

Historiadores e investigadores se han dividido en dos grupos, acerca del origen de sus pobladores y la fundación de la Villa de Mantua. El primero afirma que se trataban de piratas que durante años azotaban los mares del caribe y tenían sus bases de aprovisionamiento en la región, en especial, las costas de la Ensenada de Corrientes, San Antonio y Bahía de Cortés y el segundo en el que se encuentra el prestigioso investigador: Enrique Pertierra, eran exploradores al servicio de una monarquía europea los cuales poseían un gran conocimiento sobre las artes y la navegación, cuya misión era recopilar información y material sobre las culturas de la región aun desconocidas por los conquistadores y que en su travesía fueron tomados por piratas, atacados y perseguidos por naves inglesas las cuales los obligaron adentrase en una zona desconocida para ellos, lo que provoco el naufragio de la nave.

Ambos poseen bastos argumentos:

Pero… ¿Quién llego primero?

Comencemos a partir de los finales del siglo XV. Italia se convirtió en el escenario de las guerras que enfrentaron a Francia, España y el imperio, culminando con el dominio de España y los Habsburgo Austriacos; Guerras y alianzas era algo característico en el viejo continente.

Con el advenimiento del siglo XVII comenzó la decadencia española, Francia, Inglaterra y Holanda le disputaban a España sus conquistas de ultramar, plagando de piratas las aguas y costas cubanas, el asedio y el saqueo ponían en peligro los intereses de la corona en las islas del Caribe.

Las protestas a través de los canales diplomáticos por parte de España contra los ataques caían en saco roto, las demás monarquías alegaban que el Caribe se encontraba mas allá de los tratados para tomar cartas en el asunto, haciendo caso omiso a las protestas.

En una ocasión el embajador de España pidió a la reina de Inglaterra la ejecución de Drake, por pirata después que este asaltara y saqueara varias plazas. Como repuesta la reina Elizabeth espero en el Tàmesis al famoso pirata y lo convirtió en caballero.

En el año 1542 Francia firma una tregua con el emperador y rey de España, transcurrido un año rompe con lo pactado y con este motivo los mares de las nuevas indias se inundaron de corsarios franceses.

El francés Roberto Baal comandante de una armadilla corsaria compuesta de cuatro navíos de guerras y un patache, dejando saqueada a Santa Marta y Cartagena, arribó sobre el puerto de la Habana con el mismo objeto no se atrevió a introducir a sus bajeles dentro de su bahía, porque defendían ya su entrada el Castillo de la Fuerza que se hallaba ya con alguna artillería con que resistirlo. Con este motivo anclaron los navíos en la boca del puerto, a donde no alcanzaban los tiros de la fuerza y desembarcaron sus tropas hacia la costa de la ciudad en las playas en la que hoy se halla situado el Castillo de la Punta.

Desde ella marcharon a la inmediata villa, cuyos vecinos los esperaban prevenidos y al abrigo de la fuerza. Diose la batalla y recibiendo los franceses mucho daño del ardor de los vecinos y del fuego del castillo, se vieron necesitados a retirarse. Dejaron en el campo quince o treinta muertos llevando muchos heridos, que con sus vidas y sangre pagaron en La Habana lo que delinquieron en Santa Marta y Cartagena. Volvieron a tomar sus buques y partieron a lamentar su desgracia en los cayos del canal de Bahamas, quedando los nuestros con el honor de la victoria y satisfacción de no haberles costado vida alguna.

El 8 de octubre de 1607, Felipe III por decreto dividió la isla en 2 gobiernos, occidente (capital Habana) y oriente (capital Santiago de Cuba) con el objetivo de frenar este azote el cual eran incapaces de controlar los gobernadores por realizarse en lugares distantes de la capital.

El temor que se asentaran en la isla estaba latente, leamos un fragmento de la carta dirigida a su majestad en 1690 por el gobernador: Severino de Manzaneda, acerca del contrabando en Trinidad, Santi Espíritus, Bayamo y Puerto Principe:

“La expulsión se pudiera conseguir con corta providencia pues de lo contrario se puede temer se hagan dueños de la isla donde si así sucediese en su aplicación harían un Reino que pudiese competir con el mayor y embarazar enteramente el comercio de galeones y flotas cuyas circunstancias pongo en la consideración de vuestra Majestad movido solo del interés paterno de leal vasallo para que enterado ordene vuestra Majestad lo que mas convenga.”

El cabo de San Antonio dada su topografía era la plaza ideal para el refugio de piratas y contrabandistas, sus farallones como fortalezas inexpugnables hacían de sus costas un lugar de difícil acceso para los españoles, sus ensenadas eran espacios propicios para emboscadas navales por cuya ruta transitaban galeones o flotas que entraban, salían o bordeaban la isla.

Piratas franceses, ingleses y holandeses dejaron sus huellas en esta zona y con ella la historia que yace como mudo testigo en las profundidades de estas aguas, victimas de quienes por siglos fueron los dueños y señores de los mares.

Para algunos historiadores e investigadores como Manuel Lucena, el pirata era el que robaba por cuenta propia en el mar o en sus zonas ribereñas. Eran gentes pobres, miserables, delincuentes, vagabundos, desertores o perseguidos por sus ideas. A la piratería se llegaba por necesidad, difícilmente por vocación.

Pero la historia demuestra lo contrario, gran parte de los piratas mas famosos del siglo XVI Y XVIII, tenían sus raíces en la clase media; esto se pone de manifiesto en el conocimiento de las armas, tácticas de ataques y experiencia en la navegación, así, como los códigos establecidos en la cofradía de los hermanos de la costa, que refleja un conocimiento sobre leyes a la hora de redactar su contenido acorde a sus intereses.

Esta se crea a finales de 1620, como característica de toda sociedad sus leyes no eran escritas.

Códigos:

-Se prohíbe todo prejuicio de patria o religión.

-Queda prohibido la propiedad individual (referente a la propiedad de tierras en las islas)

-Todo barco antes de zarpar debe fijar cual será la parte proporcional del botín que corresponde a cada uno de sus tripulantes, siempre en función del rango en la expedición.

-Todos los miembros de la sociedad son iguales entre si. (Esto lo demuestra la tabla de indemnizaciones que consistía en compensar a quienes resultaran heridos o lisiados en combate)

-Queda establecido que, una vez conseguido el botín este será puesto en común para proceder a su reparto. Todo aquel que intente adueñarse u ocultar parte de este y sea descubierto, será sometido a duros castigos.

-Será premiado el primero que aviste a una presa, así, como al primero en pisar el barco abordado. (El premio consistía en elegir una de las piezas del botín)

-La cofradía no se inmiscuye en la libertad personal de cada uno.

-No se obliga a nadie a partir en una expedición pirata. Se podrá abandonar la hermandad si uno de sus miembros lo desea.

La piratería podemos clasificarla en cuatro grupos:

Piratas: Hombres que atacaban los barcos sin distinción de banderas (naciones)

Bucaneros: (Del fr. Boucanier) Hombres que se entregaban al asalto y saqueo de las posesiones españolas de ultramar.

Filibusteros:(Del fr. Flibustier) Conocidos como piratas errantes, jugaron un papel importante en la emancipación de las que fueran provincias ultramarinas de España

Uno de los últimos filibusteros franceses que actuaron cerca del Cabo fue:

Francis Nau conocido como: El Olones” sobrenombre dado por su nacimiento en “Olone´ (Sables de Olone´.)

Los combates navales que pusieron fin a las guerras entre España, Inglaterra y Francia se libraron en las aguas del caribe, los corsarios se convirtieron en los protagonistas de estas batallas.

El investigador Gerardo Ortega ha realizado un profundo trabajo que pone de manifiesto la importancia estratégica del occidente cubano, como centro de operaciones y suministros de las naves piratas en el siglo XVIII, no fue hasta el año 1734 en el que se consolida con la fundación de la última Villa, el cierre de la colonización española en el territorio, lo que demuestra la ingobernabilidad que durante años prevaleció en la región.

La piratería culmino, no porque las monarquías europeas se unieran para combatirla, el desarrollo acelerado y la llegada del barco de vapor a la navegación, fue la causa principal de su desaparición; el corsario devino en una nueva modalidad a nuestros días:

El mercenario: Hombre pagado por gobiernos o potencias, con impunidad absoluta para cometer todo tipo de crímenes, entrenado para atacar y desestabilizar, en lo económico, político y militar a otros estados, se convirtió en el llamado:

“Pirata del siglo XX”, pero esta….es otra historia

Las misiones o expediciones secretas a regiones lejanas con el objetivo de satisfacer el ego de monarcas se convirtió en algo cotidiano en el viejo continente, las islas del caribe eran tema de referencia sobre historias de ríos cuyas aguas rejuvenecían a quien la bebiera o de brebajes afrodisíacos que solo era digno de reyes; decenas de expediciones naufragaron en su intento.

A inicio del siglo XV, Italia se hallaba dividida, compuesta de estados regionales, donde los conflictos y guerras por el control de la región la hacían vulnerable, solo Génova y Venecia conservaron su poderío entre todos los estados italianos, la rivalidad entre ambos los llevo durante décadas a una lucha sin cuartel por la supremacía comercial en los mares, no fue hasta 1528 que Génova se convierte en uno de los puertos mas prósperos dedicados a la construcción naval y como centro financiero muy vinculado a la política de los Habsburgos españoles.

Enrique Pertierra Serra, escribe en su libro como entre los años 1605 y 1610 partió del puerto de Génova en el más estricto secreto una expedición cuyo objetivo era explorar las tierras del nuevo mundo en busca de civilizaciones desconocidas, misión que abortó al ser atacados y perseguidos por naves inglesas las cuales los confundieron con piratas, obligándolos a adentrarse en el archipiélago de los colorados región desconocida para ellos lo que provoco el naufragio de la nave sobre la barrera coralina, y que una vez en los botes incendiaron el barco dirigiéndose a tierras cubanas decidiendo fundar un nuevo pueblo.

Investigadores opuestos a la llamada: “Hipótesis de Pertierra”, alegan que en los archivos y documentos de la época, no aparece recogida la entrada o salida del puerto de Génova de un bergantín bajo el nombre: Mantova, restando veracidad a lo expuesto por el autor sobre la fundación de la villa por navegantes italianos.

Pero hay elementos que confirman y hacen irrebatible esta hipótesis por parte de Pertierra:

-Uno de los argumentos más contundentes a favor del origen italiano de la villa cubana esta representado por la parroquia, erigida en 1716 bajo la advocación de la virgen de las Nieves. Mantua es la única demarcación en todo el país cuya patrona responde a dicha advocación. Virgen que se venera desde tiempos remotos en la basílica Santa Maria la mayor, la primera y mas antigua de Roma bajo la advocación de la Virgen Maria, y en Mantova, donde gozaba de cierta devoción en el siglo XVII, en que existía allí un templo, en la calle Tassoni –destruido ya-, dedicado a la virgen de las nieves. En la iglesia de Todos los Santos- antiguo monasterio Benedettino- todavía se conserva, en una capilla, un fresco de la virgen de las Nieves que data del siglo XVI.

-Los apellidos italianos: Unos 15, están registrados en los libros parroquiales de Mantua y aparecen a partir de mediados del siglo XVII.

Apellidos Venecianos y Genoveses como: Ferrari, Fiallo, Pesana, Pitaluga, Cosme, Rizzo, Pereira, Fiorenzano, Puso y Dolden.

Resalta Pertierra, como dato curioso como algunos de los italianos o sus descendientes, se mezclaban entre si para constituir familias netamente italianas como es el caso de los Ferrari-Fiallo, Pitaluga-Pereira y Dolden- Pereira, entre otros.

-El sacerdote católico Nicanor Suárez Cortina quien permaneció en la parroquia de nuestra señora de las nieves desde 1899 a 1908 recogió en su obra “A Maria Inmaculada” la tradición oral sobre la fundación de la villa por hijos de la península itálica, texto publicado en Pinar del Río en 1905.

-Mucho antes el último capitán pedaneo de Mantua, Lino Baldomero de Coca hizo referencia sobre el hecho en versos escritos sacados a luz por el periódico pinareño El Eco de Vueltabajo, el 21 de febrero de 1878.

-La familia Pitaluga (Pittaluga en italiano) cuyo apellido aparece registrado en los libros de la parroquia de Murta, a partir del año 1530, se distinguía por su tradición marinera y el basto conocimiento de las artes con gran arraigo religioso, capellanes, comerciantes y marineros conformaban las bases de esta familia Genovesa asociada a la casa De Amicis .

Lo que pone de manifiesto que el punto de partida de esta tripulación fue el puerto de Génova.

Tomando como referencia el derrotero de naves francesas, inglesas y españolas entre los siglos XVI y XVII en las aguas del Caribe hacia las costas de Norteamérica y el lugar en el que ocurre el naufragio se llega a la conclusión que la isla de Cuba no era el punto de referencia de estos navegantes, el destino era las tierras aztecas, territorio que hoy lleva por nombre: México.

En 1716, a Mantua se le impone el nombre de Guane del Norte, mientras el primitivo Guani era nombrado Guane del sur.

Curiosamente, en las guías de 1807 y 1818, en el Inventario de Curatos y Beneficios, Guane del Norte no esta registrado y se relaciona a Mantua y a Guane como lo mas recóndito de Vueltabajo.

El nombre de Mantua le fue conferido al pueblo por sus fundadores y se hizo popular entre los lugareños de toda la región, en tanto Guane del Norte fue el resultado de un error de las autoridades coloniales asentadas en la capital Vueltabajera, o bien surgió por el simple hecho de llamar de alguna forma aquella aldea cuyo nexo con la colonización española del poniente cubano era prácticamente nulo. Y todo, porque como escribiera Emeterio Santovenia en su obra, “…casi un siglo pasó Mantua en apartamiento e indiferencia tales que se deslizo entonces sin dejar señal alguna expresiva de su vida”

Con la entrada triunfal del general Antonio Maceo en este territorio, fue que, Mantua, tierra olvidada, pasó a ocupar su lugar en la historia.

 Fuente:

“Memorie della Parrocchia di Murta”(1105 – 1873)

“Mantua en Cuba entre la historia y la leyenda”

“Historia de Mantua” por Emeterio Santovenia

“Visitantes del cabo” (Estampas de vueltabajo)

“Historia del Nuevo Reino de Granada”(capX libro I)

“Ruta de exploradores” (siglo XVI-XVII)

“Geografía de la isla de Cuba” por Esteban Pichardo

“Orígenes de la Ciudad de Mantua” de Maria Elena Balans

 
 

 

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Por: ENRIQUE PERTIERRA SERRA

Por ENRIQUE PERTIERRA SERRA –

Fue la meta inicial que me propuse cuando allá, al despuntar la década de 1990, comencé la pesquisa, a partir de la premisa de no forzar los hechos, de juzgar su historicidad imparcialmente porque a buen decir del historiador Philp Schaff:


“El propósito del historiador no es construir una historia a partir de nociones preconcebidas y adaptarlas a su gusto, sino […] reproducirla con la mejor evidencia y dejar que hable por su cuenta”.

De ahí que asuma una actitud crítica hasta con las propias pruebas que presento para demostrar que Mantua fue fundada por un grupo de náufragos procedentes de la península itálica; la evidencia necesita abrirse paso por sí sola.

 

DE ITALIA LLEGÓ UN BARCO

Con este estilo se dio a conocer la primera versión en italiano y la segunda en español y con el mismo estilo acaba de ver la luz esta tercera edición en ambos idiomas que, además, asume el reto de dar una respuesta clara, concisa – aunque no definitiva- a aquellos que en todo el mundo se han preguntado después de conocer los textos anteriores:

¿Qué podría hacer un velero con el nombre de la ciudad italiana de Mantua – tan alejada del mar- navegando en las aguas al noroeste de Cuba en los albores de la decimoséptima centuria? ¿Por qué llevaba a bordo el buque una imagen de la Virgen de las Nieves como patrona?

Algunos estudiosos italianos de estos temas creen que se trata de una leyenda porque, según opinan, en una época tan temprana como el siglo XVII un hecho semejante parece ir en dirección contraria a toda lógica histórica.

¿Qué hacemos como historiadores __se preguntó una vez Ethelber Stauffer__ cuando tenemos sorpresas que van contra todas nuestras expectativas, quizá todas nuestras convicciones y aún toda nuestra manera de entender la verdad durante un período?

Debemos –es mi criterio- exponer hipótesis audaces, verificables, siempre basadas en un fundamento histórico concreto.

Demostrar la veracidad de la tradición oral mantuana –el fundamento histórico concreto- es el propósito de este libro y la hipótesis “descabellada” que propongo es que Vincenzo I Gonzaga debió organizar una expedición secreta al
Nuevo Mundo para saciar quién sabe qué ambiciones; si se tiene en cuenta que para él, según el periodista Vittorio Sgarbi, el mecenazgo era “un vicio incontrolable”; Sgarbi lo calificó de “exhibicionista desenfrenado” y de “gran
protagonista del coleccionismo mantovano”, en un artículo publicado en la revista Panorama el 22 de agosto de 2002.

Continúo aferrado a mi punto de partida.

De todas formas, y, aunque todo parece indicar que Mantua fue fundada por navegantes italianos que de una forma u otra llegaron a tierras del poniente cubano por el litoral norte, es menester esclarecer definitivamente los puntos
oscuros.

¿Partió el bergantín Mantua desde Génova, Venecia, o desde un puerto en España? ¿Era una nave filibustera de mantovanos devenidos marinos, o respondía a los excéntricos antojos de Vincenzo I Gonzaga o de su hijo Ferdinando?

Aún los archivos de Cuba e Italia guardan numerosos secretos. El resto puede hallarse en el fondo del mar; en algún lugar próximo a los cayos Buenavista, Rapado Grande y Rapado Chico, en los bajos del Archipiélago de los Colorados.

 

 

Mantua en Cuba:
entre la historia y la leyenda. Ediciones Loynaz. Pinar del Río, 2005, 180 pp.

La historia local, tan poco divulgada y sin embargo tan necesaria para reafirmar el sentimiento de identidad, el amor a la nación mediante el conocimiento de sucesos y personalidades de la de la patria chica que nos enorgullecen, se da en ocasiones de manera tan singular, que adquiere visos de inverosimilitud, de aventura de ficción. Eso precisamente ocurre en el caso de las versiones populares sobre la fundación de Mantua (MN), que atribuyen ésta a náufragos italianos.

De generación en generación, la oralidad ha traído hasta nuestros días esta versión de tan fuerte arraigo, que en el escudo mantuano, creado por Valderrama en 1946, se representa el naufragio. Sin embargo, ¿es demostrable el hecho a la
luz de la historiografía actual? He ahí donde Pertierra, acucioso investigador ha publicado ya Italianos por la libertad de Cuba (Editorial José Martí 2000) nos compromete en este filtreo entre la historia y la leyenda, hurgando en la
memoria de de los más viejos habitantes de la zona, registrando acontecimientos y aportando documentos encontrados en ambas orillas Mantova, Italia y Mantua, Cuba que nos inclinan a creer en este relato defendido por él, como buen
mantuano a ultranza.

Asistimos a la tercera edición, esta vez bilingüe gracias a la labor de Gioia Minuti, traductora y editora del texto en italiano, donde se analizan los pro y los contra de las versiones que explican el arribo de los italianos, a un sitio
quizá cercano al surgidero de Los Arroyos, el investigador nos adentra, con un estilo anecdótico y un lenguaje ameno en esta nebulosa historia, tan difícil de verificar como de desmentir.

Significativo resulta de por sí el nombre de la villa y el río al cual se asoma, que figuran ya en los más antiguos documentos de archivo encontrados por el autor, sin que pueda nadie explicar su origen, perdido en el tiempo como no sea
por la vieja leyenda. Y si bien las autoridades españolas intentaron imponerle Guane del Norte al villorrio, este no trascendió, pues los pobladores se aferraron a su itálica denominación, tomada probablemente del buque en que
arribaron sus ancestros, a los que algunos atribuyen la catadura de corsarios y piratas y otros la de exploradores al servicio de alguna monarquía europea.

No menos curiosidad despierta el culto a la Virgen de las Nieves, bajo cuya advocación la Virgen Madre preside, como patrona, la occidental parroquia de Cuba. ¿Coincidencia? Podría ser, pero debemos convenir en que es, cuando menos,
una rara casualidad. Se dice que la primera imagen pudo llegar en el propio barco y que desde entonces se venera por aquellos marinos y sus descendientes. Téngase en cuenta además que es el único lugar de Cuba donde esto ocurre y que
uno de los templos más importantes donde se adora es la iglesia de Todos los Santos en la Mantova peninsular, así como algunas otras cosas que, si se decide, encontrará en el texto de Pertierra.

Por otro lado, los archivos parroquiales de Mantua, Guane, Baja y otros de la zona en la época, recogen en sus libros un importante número de apellidos italianos, que de alguna manera podrían estar relacionados con todo lo anterior,
y que sucintamente se ofrecen aquí por nuestro investigador.

Aspectos de interés sobre la lejana región lombarda, su historia y cultura, que podrían desatar especulaciones sobre su posible relación con la pequeña ciudad cubana, que no sólo Pertierra, sino investigadores de ultramar están ahora
empeñando en demostrar, se esbozan de manera abarcadora pero asequible, en uno de los capítulos.

No quiero ofertar al lector lo que no encontrará en este nuevo título de ediciones Loynaz, nadie crea que terminará la lectura de Mantua en Cuba: entre la historia y la leyenda convencido del verdadero origen de este pueblo, del que
me siento y no puedo dejar de escribir sobre él sin decirlo, hijo adoptivo. Yo mismo me lancé a la lectura con avidez, a pesar de conocer la tradición, por supuesto, qué mantuano no, y aunque pareciera improcedente en un espacio como
este, tengo que decir que terminé un poco defraudado. Pero conversando después con Enriquito, me confesó que no era su interés probar nada, pues aunque está seguro de que los habitantes del pueblo, de todas las generaciones hasta hoy que
como él piensan todos creo tienen la razón, él sólo quiere mostrarnos el resultado de sus búsquedas, compartir los hallazgos que poco a poco van acercando la leyenda a la historia hasta, y de eso está seguro, hacerlas
coincidir. Les aseguro que tal cosa sí logró, pero además, al final quedamos con ganas de leer, de saber más, de ayudar a desentrañar el misterio con que el aislamiento geográfico y temporal cubren toda esta parte de nuestro devenir.

Fácil de leer, sin alardes lingüísticos o rebuscamientos sintácticos ni gramaticales, aderezado además con reproducciones de documentos de archivo, mapas, retratos de la época e íconos, entre otros, este es un libro para gente
de cualquier edad y profesión, como lo prueba el rápido agotamiento de sus dos ediciones anteriores en Italia y Cuba, para gente interesada en profundizar en las raíces de nuestra nacionalidad, compuesta por un variopinto abanicos de
tipos humanos. Si tal es su interés, no dudo en sugerirle este viaje a la semilla, seguro de que, si bien no llega hasta el mismo embrión, al menos le deja pistas que le darán una idea de desde dónde también venimos.

José Raúl Fraguela
Tomado de ATENEO.
Tabloide promocional

Centro provincial del Libro y la Literatura. Pinar del río No. 4 16 de febrero de 2006, p. 5

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La historia local, tan poco divulgada y sin embargo tan necesaria para reafirmar el sentimiento de identidad, el amor a la nación mediante el conocimiento de sucesos y personalidades de la patria chica que nos enorgullecen, se da en ocasiones de manera tan singular que adquiere visos de inverosimilitud, de aventura de ficción. Eso precisamente ocurre en el caso de las versiones populares sobre la fundación de Mantua (MN) que atribuyen esta a náufragos italianos.


 

De generación a generación, la oralidad ha traído hasta nuestros días esta versión de tan fuerte arraigo, que en el escudo mantuano, creado por Valderrama en 1946, se representa el naufragio. Sin embargo, ¿es demostrable el hecho a la luz de la historiografía actual? He ahí donde Pertierra, acucioso investigador —ha publicado ya Italianos por la independencia de Cuba (Editorial José Martí, 2000)— nos compromete en este flirteo entre la historia y la leyenda, hurgando en la memoria de los más viejos habitantes de la zona, registrando acontecimientos y aportando documentos encontrados en ambas orillas —Mantova, Italia y Mantua, Cuba— que nos inclinan a creer en este relato defendido por él, como buen mantuano, a ultranza.

 

 

Asistimos a la tercera edición, esta vez bilingüe, de una obra donde se analizan los pro y los contra de las versiones que explican el arribo de los italianos, a un sitio quizá cercano al surgidero de Los Arroyos. El investigador nos adentra, con un estilo anecdótico y un lenguaje ameno, en esta nebulosa historia, tan difícil de verificar como de desmentir.

Significativo resulta de por sí el nombre de la villa y el río al cual se asoma, que figuran ya en los más antiguos documentos de archivo encontrados por el autor, sin que pueda nadie explicar su origen, perdido en el tiempo, como no sea por la vieja leyenda. Y si bien las autoridades españolas intentaron imponerle Guane del Norte al villorrio, este no trascendió, pues los pobladores se aferraron a su itálica denominación, tomada probablemente del buque en que arribaron sus ancestros, a los que algunos atribuyen la catadura de corsarios o piratas, y otros la de exploradores al servicio de alguna monarquía europea.


 

No menos curiosidad despierta el culto a la Virgen de las Nieves, bajo cuya advocación la Virgen Madre preside, como patrona, la occidental parroquia de Cuba. ¿Coincidencia? Podría ser, pero debemos convenir en que es, cuando menos, una rara casualidad. Se dice que la primera imagen pudo llegar en el propio barco y que desde entonces es venerada por aquellos marinos y sus descendientes. Téngase en cuenta además, que es el único lugar de Cuba donde esto ocurre y que uno de los templos más importantes donde se adora es la iglesia de Todos los Santos en la Mantova peninsular, así como algunas otras cosas que, si se decide, encontrará el lector en el texto de Pertierra.

Por otro lado, los archivos parroquiales de Mantua, Guane, Baja y otros de la zona en la época, recogen en sus libros un importante número de apellidos italianos que de alguna manera podrían estar relacionados con todo lo anterior, y que sucintamente son ofrecidos aquí por nuestro investigador.


 

Aspectos de interés sobre la lejana región lombarda, su historia y cultura, que podrían desatar especulaciones sobre su posible relación con la pequeña ciudad cubana y que no solo Pertierra, sino investigadores de ultramar, están ahora empeñados en demostrar, se esbozan, de manera abarcadora pero asequible, en uno de los capítulos.

 

No quiero ofertar al lector lo que no encontrará en este nuevo título de ediciones Loynaz, nadie crea que terminará la lectura de Mantua en Cuba: entre la historia y la leyenda convencido del verdadero origen de este pueblo, del que me siento —y no puedo escribir sobre él sin decirlo— hijo adoptivo. Yo mismo me lancé a la lectura con avidez, a pesar de conocer la tradición —por supuesto,  qué mantuano no—, y aunque pareciera improcedente en un espacio como este, tengo que decir que terminé un poco defraudado. Pero, conversando después con Enriquito, me confesó que no era su interés probar nada, pues aunque está seguro de que los habitantes del pueblo, de todas las generaciones hasta hoy, que como él piensan —todos, creo— tienen la razón, él solo quiere mostrarnos el resultado de sus búsquedas, compartir los hallazgos que poco a poco van acercando la leyenda a la historia hasta —y de eso está seguro— hacerlas coincidir. Les aseguro que sí logró tal cosa, pero además, al final quedamos con ganas de leer, de saber más, de ayudar a desentrañar el misterio con que el aislamiento geográfico y temporal cubren toda esa parte de nuestro devenir.


 

Fácil de leer, sin alardes lingüísticos o rebuscamientos sintácticos ni gramaticales, aderezado además con reproducciones de documentos de archivo, mapas, retratos de época e iconos, entre otros, este es un libro para gente de cualquier edad y profesión, como lo prueba el rápido agotamiento de sus dos ediciones anteriores en Italia y Cuba, para gente interesada en profundizar en las raíces de nuestra nacionalidad, compuesta por tan variopinto abanico de tipos humanos. Si tal es su interés, no dudo en sugerirle este viaje a la semilla, seguro de que, si bien no llega hasta el mismo embrión, al menos deja pistas a cerca del lugar del que también venimos.

 

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